cómo está tu adolescente interior?
- 28 abr
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Hoy en día, casi todo el mundo ha escuchado del concepto niño o niña interior, y en la literatura de autoayuda o crecimiento personal encontramos numerosos ejemplares que abordan ese concepto y que ofrecen toda una serie de ejercicios para poder ponerse en contacto con esa parte vulnerable y superar posibles daños sufridos en la infancia.
Pero del o de la adolescente interior apenas hay información o menciones en internet. De hecho, al buscar el término, lo primero que sale son muebles juveniles.
Curioso.
Me extraña, porque raras veces he escuchado decirles a mis clientes o personas de mi entorno personal, que hayan tenido una adolescencia feliz, fácil, que la hayan vivido con ligereza y alegría. Más bien todo lo contrario. En cambio, sí que hay un porcentaje considerable de personas, que afirman haber tenido una buena infancia.
La adolescencia es una etapa intensa a muchos niveles, todo cambia a la vez, como el cuerpo, en el cerebro se produce un importante reajuste, los vínculos la identidad en sí la un gran giro. Aquí la pregunta central de la construcción de la identidad puede ser algo como: ¿Quién soy y quién puedo o quiero ser? Y de lo contrario, ¿Quién ya no quiero ser? ¿Con qué tengo que romper para sentirme yo mismo/a?
Ese tipo de preguntas lleva a los/las adolescentes a
Redefinir valores, gustos, creencias, orientación sexual, identidad de género
Diferenciarse de la familia sin perder el vínculo
Valorar la pertenencia a un endogrupo concreto
Integrar partes contradictorias de sí mismos
Tomar más responsabilidad sobre si misma
Mientras son justo estos procesos internos que producen a menudo confusión, la sensación de no encajar, presión familiar y social, etc.
Un aspecto, que bajo mi punto de vista es un punto clave en la calidad del transcurso de la adolescencia es el entorno, o el sostén que ofrece el mismo. Sea de parte de otros adolescentes o de adultos de referencia, lo fundamental es que el/la adolescente no se siente solo/a con las miles de cosas que le pasan constantemente. Y es justo aquí donde se halla el reto, ya que los/las adolescentes pueden sentir que con sus problemas o con su singularidad nadie les vaya a entender, que están solos, solas con la montaña de cosas que les pasan.
Al menos es lo que me pasaba a mí cuando era adolescente: mis padres de un día al otro se convirtieron en dinosaurios, que no tenían ni idea de nada, que de ninguna de las maneras podían ser seres de referencia con quien hablar de mis cosas, de las cuales yo misma ni siquiera estaba consciente. No supe identificar lo que me pasaba por dentro, y menos, ponerle palabra. Ahora, cuando pienso en esa etapa de mi vida, la percibo como un parto largo y difícil, durante el cual en reiteradas situaciones me sentí perdida y sobre todo muy sola. A pesar de que tenía a mi alrededor un grupo extenso de amigos y colegas. A pesar de que tuve la suerte de pertenecer al grupo de los “guays” y no haber sido víctima de algún tipo de bullying.
Entonces, si me subo a la máquina del tiempo y retrocedo unos cuantos años para preguntarle a esa adolescente por lo que realmente le puede ayudar a sentirse mejor, ¿qué crees que podría responder?
Lo primero que se me ocurre es, ofrecer una buena comunicación en casa. Ofrecer una serie de palabras y conceptos a los/las adolescentes, que les puedan ayudar a identificar lo que les pasa. Darles espacio para expresarse de cualquier manera, sea a través de la palabra expresada o escrita, a través de expresiones creativas como la danza, dibujo, manualidades, teatro, etc. No permitir que se encierren las 24 horas en su habitación, sino facilitar espacios de tiempo compartido, aunque sea jugando a cartas. Pues son justo esos momentos, en los cuales sí es posible que la puerta interna adolescente se entreabra un pelín para dejar entrar el amor y sostén que viene de fuera.
Si el mal compartido hace que sea más llevadero para la persona, podemos ofrecerles esa presencia sin juicio a los adolescentes de nuestro entorno y sobre todo a la adolescente interior que habita dentro nuestro, ya que quizá aún tiene muchas cosas que expresar, que en su día no pudo verbalizar.



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